Si hubiera que definir la relación entre Donald y Melania Trump, con el título de una canción, lo ideal sería recurrir a ‘Triana’ y su memorable ‘Tu Frialdad’.
El presidente de Estados Unidos y la Primera Dama siguen dando muestras del distanciamiento que, desde hace años, les achacan los medios norteamericanos.
Unos rumores acrecentados por los continuos desaires y la actitud de la pareja en sus actos públicos. Actos que, como parece obvio cuando se trata del hombre más poderoso del mundo, son fiscalizados al detalle. Cada gesto, cada momento, cada mirada es analizada al milímetro. Y, en este caso, parece que las cosas no van bien en Villa Trump.
That moment when your wife resists holding your hand… PRICELESS. 🤣🤣 @realDonaldTrump pic.twitter.com/hDpPddTv5C
— BetsyBits (@BetsyBits) April 24, 2018
El último desaire de Melania a Donald Trump ha sido durante la visita del presidente francés, EmmanuelMacron, a Estados Unidos.
Mientras llegaban, el presidente USA se acercó a su mujer y con el dedo meñique, le hizo ver que quería cogerle la mano. Lo hizo disimulando, como un niño pequeño al que todos miran pero se cree que nadie le está viendo. ¿De verdad no se da cuenta que le enfocan un millón de cámaras? Parece que no.
Aunque es normal que Donald Trump pase ya de todo. Ha llegado a lo máximo que podía aspirar y se siente legitimado para hacer lo que le venga en gana. Lógico.

Pues bien, cuando Melania se percata de que su marido quiere ‘hacer manitas’, le cambia el rictus. Su gesto se tensa y su primera reacción es negar el pan y la sal a Donald Trump.
No obstante, Melania sí sabe que les están grabando y que su imagen sí debe permanecer impoluta. Quizás por eso, acaba cediendo y le coge la mano a su marido. Lo hace sin siquiera mirarle, sin un gesto cómplice o una mirada romántica. Si esto es amor en la Casa Blanca, no queremos pensar cómo será el odio.
Sea como sea, un desaire más entre la pareja más poderosa del mundo y un motivo más para preocuparse. Y es que sólo imaginar que Donald Trump tiene cabezas nucleares a su alcance y que puede usarlas tras una disputa conyugal, hace que un escalofrío recorra la espalda de millones de personas.
Menos mal que al POTUS siempre le quedará Macron. El presidente de Francia y el de Estados Unidos parecían dos quinceañeros enamorados en su encuentro. Para muestra, el apretón de manos de 28 segundos que se dieron o el piropo que le echó el millonario al mandatario luso: «Él es perfecto». Esto sí es amor. Capitalista, pero amor.









